lunes, 2 de marzo de 2015

¿Dónde queda el erotismo?

¿Dónde queda ese erotismo como pieza de nuestro arte? 

¿Es que acaso la vanal y vulgar desnudez suprime el hecho artístico de evidenciar la mejor obra de Dios: el humano? 

¿Acaso nuestro arte indígena, el arte griego, el arte romano, el arte católico, el arte reformista, Miguel Angel y Leonardo Da Vinci estaban equivocados?

¿Es que somos simples seres que solo servimos para el sexo? 

¿Es que el arte pierde su escencia cultural y para convertirse únicamente en un negocio?

¿Debe el séptimo arte estar al límite imaginario de la ley y permitir filmes con violencia sexual, violencia de género, coerción y misoginismo? 

¿No hemos evolucionado lo suficiente para darnos cuenta de que la mujer es tan fundamental como el hombre? ¿Que es ella quién nos envía al mundo? 

¿Es necesario que se transmita un filme dónde se golpee y se humille a una mujer? Una mujer con los mismos órganos y sentimientos que una mamá. 

¿Es necesario que se transmita un filme donde un hombre con mucho dinero le dé regalos materiales a una mujer y por esto la obligue per sé a ser su juguete sexual? Y que a demás, la violencia de género se oculte a través de un contrato de confidencialidad. 

¿Es que ya estamos oficialmente en el Desierto de lo Real y no nos importa nada?

¿Es que se nos olvidó que a penas hace 100 años la mujer era tratada como un trapo sucio? ¿o es que queremos volverlo a implementar? 

Es posible que las preguntas no tenga una respuesta generalizada, pero poco pierdo con formularlas.
El desenfrenado desnudo en la vida actual obliga a creer 
que enseñar lo poco privado que se tiene es evolucionar
Imagen: Archivo
Mi capacidad de asombro queda destruida. Las mismas personas que se horrorizan con un beso entre personas del mismo sexo, o porque Miley Cyrus se haya tocado la vagina con un dedo de hule son las que viendo Cincuenta Sombras de Grey se excitaron al visualizar humillada a una mujer.

Luego de superar la edad Moderna, pareciera como si volviéramos a ella. 

Se me hace inconcebible comer mientras se degrada a una mujer, poseedora de la matriz de vida: el útero, que sería despreciado como su misma condición femenina. 

Quizá Ello le esté ganando la batalla a Superyó.

Quizá la inmoralidad esté a la orden del día. 

Quizá ya se perdió la vergüenza, de la misma manera como mi capacidad de asombro.