Todos los días le agradezco a Dios por haberme permitido nacer en este país, de tener a mis padres quienes son mis mejores guías y de relacionarme con mis amigos que son las personas más geniales que conozco.
Todos los días me despierto antes del alba, antes de que en las emisoras de radio suene el Himno Nacional. Todos los días me despierto y entre las principales noticias están varios asesinatos en varias ciudades de mi país, hecho que ya se ha convertido en una rutina de los últimos 15 años.
Haber nacido durante los últimos años de la época democrática de Venezuela me ha permitido ver los vestigios de ese sistema político, me ha permitido ver los vestigios del país.
El hecho de estar acostumbrado que al salir a la calle debo sacarle la tarjeta SIM a mi celular y ponerla en un bolsillo y que el dispositivo móvil debo asegurarlo en mi ropa íntima no es normal. El hecho de salir a la calle y no saber si en la noche estaré en mi casa o le esté tocando la puerta a San Pedro no es normal.
He dicho que Venezuela es el país de todo lo posible, donde nada sorprende, pero me duele decirlo. Me duele querer vivir en otro país, que no sea en el cual estoy acostumbrado a socializar. No critico a los que se van de Venezuela en busca de un mejor futuro, todos tenemos derecho a superarnos profesionalmente en la vida.
15 años no han bastado para destruir a un país y querer convertirlo en una desagradable copia de Cuba. 15 años no han bastado para robarse millardos de dólares. 15 años no han bastado para acabar con los sueños de jóvenes que quisieran ejercer sus profesiones en este país. 15 años no han bastado para expropiar empresas y no producir nada. 15 años no han bastado para que, de forma inmadura, culpen a Estados Unidos y la OTAN de todas las desgracias que sucedan en la nación a causa de ellos.
Suena muy chistoso y mentiroso decir que en el Siglo XX se conseguían más teléfonos celulares en los anaqueles venezolanos que ahora en el siglo XXI, pero es una verdad.
Escribo esto el 05 de Abril del 2014, a casi dos meses de que iniciara el ciclo de protestas y manifestaciones cívicas más importante que ha tenido la Venezuela del siglo XXI.
El dirigente Leopoldo López, apresado por la justicia injusta de Venezuela, convocó a una serie de manifestaciones pacíficas en Caracas que, por grupos violentos afectos al Gobierno, terminó con dos muertos en el centro de la capital. Desde ese momento, la cifra de muertos ha aumentado hasta 35. El presidente Nicolás Maduro ha dicho numerosas cantidades de exónimos peyorativos hacia los que pensamos diferentes, llamándonos "derechistas fascistas". Las protestas, lideradas por jóvenes universitarios de diferentes casas de estudios superiores venezolanas, se especifican principalmente en: problemas de seguridad social, escasez de productos básicos, inflación de 58%, devaluación exagerada de la moneda con un control de cambio inservible, prohibición de importación de mercancía, leyes prohibitivas, poca oferta laboral en el país, ineficiencia de los servicios públicos, censura a los medios de comunicación, autocensura en los medios de comunicación y luego se agregó una más que ellos mismos crearon: represión por parte de las fuerzas del estado.
Yo, un venezolano, tengo derecho a adquirir cualquier producto que desee en las cantidades que desee: léase alimentos, ropa, calzado, productos electrónicos o CD. El hecho de que la venta permitida por día sea de 2 paquetes de harina precocida por persona o 1 caja de pasta dental es un insulto a mi moral como persona. El hecho de que no haya la ropa que desee comprar, porque al Gobierno no le dio la gana de aprobar los dólares para la importación, es un insulto a mi persona como humano que desea autorealizarse.
Yo no pido que me regalen dinero, yo no pido que todo esté excesivamente económico; yo solo pido que se pueda comprar al precio de origen y al cambio exacto en bolívares.
Yo no pido que me regale harina de Maíz, yo solo pido que la pueda comprar al precio que de verdad le cueste al productor realizar todo el proceso.
Yo no pido que los medios de Información sean agentes de la oposición, yo solo pido que informen verazmente sin miedo a que la Ley Resortemec les sea aplicada en su contra.
YO NO PIDO NADA MÁS QUE VIVIR EN UN PAÍS DONDE EL PETRÓLEO SEA INVERTIDO EN EDUCACIÓN, SEGURIDAD, ALIMENTACIÓN Y EMBELLECIMIENTOS DE CIUDADES.
Atentamente: Francisco Hernández.
Hijo, hermano, amigo, caballero, cristiano, bachiller, estudiante universitario, demócrata, libre consumista, ciudadano y VENEZOLANO.
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