A veces siento que nací en la época equivocada, que mis pensamientos no coinciden con el común contemporáneo.
Si bien cada persona tiene una opinión distinta sobre cada tema, un usual pensar no tiene cabida en mí. Ahí me cuestiono mi existencia en la actualidad, aunque sé que uno nace en el tiempo predestinado porque no es cuestión de suerte sino de predilección.
Dentro de toda la paranoia que se me forma en 2013, algo atrae mi atención: la edad Media. Específicamente, la cultura medieval de la Europa Occidental.
El rey Arturo y el mago Merlín ocuparon un lugar en mi alma que ha ido marcando lo que sería mi 'línea editorial'.
Mi amor patrio y respeto a Camelot es algo que excede de la razón, no es ninguna conducta aprendida, surgió y ya. Y es que Camelot, la capital del reino de Arturo, es la cuna de los mejores sentimientos humanos.
Quizá sea porque se hace inconcebible que luego de catorce siglos de 'evolución', aún alguien siga creyendo en la nobleza humana y en la magia del sentimentalismo. ![]() |
| La BBC recreó la historia a través de la serie Merlín, finalizada en 2012. Imagen: Captura de pantalla / archivo |
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| La moralidad marcaba al Caballero Imagen: Archivo |
Probablemente es absurdo que alguien todavía conciba el respeto como valor fundamental entre las relaciones humanas, un respeto que recuerda a cuando Arturo extrajo la Excalibur de la piedra y el yunque. Tal vez el hecho sea tan verídico, que forma parte del arte.
En torno al amor, Camelot lo percibía como un hecho de magia blanca capaz de unir a un hombre y a una mujer en una espiral que contradecía la razón. Ahí coincido yo, la razón no entenderá al amor. Y sigo coincidiendo, el gran amor de Arturo, Ginebra, lo engañó con Lancelot, el caballero más noble.
La historia describe a Merlín como un hijo de la tierra, con herencia druida. La magia, que es demonizada en las diversas corrientes religiosas, se narra tan pura como la misma existencia.
Reiteradas veces, siento que una parte de mi esencia se quedó en Camelot. Sin haberla escuchado nunca, la música celta causa liberación de endorfinas y oxitocinas en mi cuerpo. Y el creer que los hombres no somos animales, sino sujetos de razón, me transporta a un día cualquiera en la que fuese -quizá en los libros- la capital de Bretaña.
Mi orgullo sobrenatural por el hecho de ser venezolano no choca con mi indigna presunción de creerme ciudadano de Camelot.
NOTA: Se suele pensar que el rey Arturo no existió, pero investigaciones arrojan que fue una figura histórica real que vivió en la isla de Britania hace catorce siglos. Fuente: Breve Historia del Rey Arturo de Christopher Bibbert


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