sábado, 11 de enero de 2014

Llorar no te hace más débil.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación  - Mateo 5:4 (RVC)
En la sociedad latina está bien divulgado el dicho "No llores que eso no es de hombres" pero Jesús, el hijo varón unigénito de Dios, lloró.

Muchas veces pasamos por momentos de debilidad, momentos en los que las lágrimas salen por sí solas.
Muchas veces estamos en momentos en los que repensamos nuestra existencia, momentos en los que nos debatimos ¿Por qué nací? Y te respondo que porque Dios quiso y su palabra vale más.
Imagen: Facebook.

Ciertamente; uno no puede andar llorando por la vida porque la vida es bella, hermosa, es lo máximo. Pero hay momentos, esos momentos que pueden suceder de vez en cuando o muy frecuentes.

Durante la etapa oscura, en donde única y exclusivamente Dios me extendió su mano, mi existencia se resumía a un completo llanto. Mis verdaderos amigos estuvieron presentes al igual que una persona enviada por Dios que me hizo saber que él nunca me fallaría. 

Esas lágrimas que corrieron por mi cara marcaron el fin del dolor, marcaron el fin del sufrimiento y le dieron un ultimatum al pecado. Mientras lloraba, Jesús me decía: "Tranquilo, yo también lloré. Sécate la cara, y sal adelante que tu eres una persona increíble y lograrás tus propósitos".

Mientras esas lágrimas corrían, algunas personas se burlaban y esas personas posteriormente tuvieron que llorar. Recuerda que todo en la vida es recíproco.

Sea por enfermedad o por sentimiento, llorar te va a calmar.
Cada vez que recuerdo lo que Jesús ha logrado en mí, lloro de alegría.


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