domingo, 16 de noviembre de 2014

Viviendo en el rancho de banda

Escribo esto, luego de nueve días sin internet. Y sí, aún sigue sucediendo eso en el siglo XXI.

El rancho de banda, alusión al servicio de ancho de banda que tengo contratado con CANTV, es un término que le escuché al conferencista Angel Méndez, gerente en MercadoLibre, en una conferencia y es totalmente cierto. 

Antena telefónica
Imagen: Archivo
Yo entiendo el complejo proceso de la comunicación al segundo que permite la Internet pero ya estamos adentrados en el siglo del progreso, estas cosas no deberían ocurrir y menos si se está pagando por un servicio. He podido comunicarme virtualmente gracias a la empresa privada, Telefónica Movistar, quién también me cobra en mi plan de datos pero me garantiza el servicio.

CANTV, privada hasta la mitad de la década pasada, ha desmejorado mucho desde que está adscrita a un ministerio y es una de las pocas empresas del Estado que sigue siendo rentable. Su desmejoramiento se nota con que el servicio de Internet sea el más lento de América Latina, Haití nos gana en velocidad digital, y con que yo tenga más de una semana sin él, por segunda vez en el último trimestre del año.

Ya adentrados en el siglo XXI, vivir sin Internet parece inconcebible. Las investigaciones rápidas se hacen con material encontrado en la red, dejando a los libros para la profundidad del tema; noticias al instante gracias a la comunicación masiva momentánea y hasta reuniones de trabajo. Mi puesto de trabajo depende básicamente de la existencia y la funcionalidad del Internet. 

Es inconcebible que uno pague por un servicio y esa empresa crea que lo están regalando. Sé que el servicio fallará de nuevo, la negligencia del Estado la he conocido muy bien desde que tengo uso de razón.

El cambio viene y nada lo detiene, dicen desde Voluntad Popular. 
Dios bendiga a Venezuela. 

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